1. Mantenerse activo físicamente no sólo beneficia al cuerpo, sino también a la mente. Por eso se emplea en tratamientos contra la depresión. Es capaz de reducir el estrés, la ansiedad y el insomnio. Además, en personas de edad avanzada reduce el riesgo de padecer demencia y Alzheimer.
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2. Las personas que mantienen un ritmo de vida activo y realizan una actividad física moderada tienen menor riesgo de morir por enfermedades cardiovasculares.
3. La actividad física moderada, combinada con una correcta alimentación, disminuye el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, como el de colon o el de mama.
4. Los hipertensos y quienes padecen el riesgo de llegar a serlo pueden verse muy beneficiados por la práctica de actividad física en su día a día.
5. El ejercicio regular reduce el nivel de triglicéridos en sangre y aumenta el colesterol HDL (el bueno).
6. Mediante la actividad física se pueden controlar mejor los niveles de glucosa en sangre. Disminuye el riesgo de padecer diabetes del tipo II (no insulino-dependiente) y ayuda a quienes la padecen.
7. Las digestiones de alguien que se mantiene activo, así como la regulación del tránsito intestinal, suelen ser mucho mejores.
8. Al practicar una actividad física se quema grasa corporal, lo que ayuda en el control del peso.
9. Al ejercitar los músculos, se mejora tanto su fuerza como su resistencia, lo que se refleja en el resto de actividades de la vida diaria. También se aumenta la masa ósea, algo especialmente interesante sobre todo en las mujeres. Estas dos ventajas suponen un menor riesgo de caídas en personas de edad avanzada y una mayor capacidad para vivir de forma independiente.
10. La actividad física moderada ayuda a mantener en forma las articulaciones. Puede ser muy beneficiosa para las personas con artrosis.
11. Y algo fundamental: una vida activa ayuda notablemente a mejorar la imagen personal y la autoestima.




