Salud en Caprabo
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Intolerancia a la lactosa



Hay quienes tienen una predisposición genética a padecer un déficit de lactasa que impide la correcta absorción de lactosa. En este caso se habla de intolerancia a la lactosa primaria o genética. Es permanente y puede transmitirse de generación en generación.

La intolerancia permanente suele estar ligada a la raza o al territorio del que se procede. En las culturas que siempre han consumido lácteos, los individuos tienen menos probabilidades de padecer esta dolencia porque, por naturaleza, generan una mayor cantidad de lactasa. Por el contrario, en zonas o etnias en las que tradicionalmente no se ha consumido leche, hay más problemas a la hora de digerirla. Por este motivo, dentro de la población mundial los casos de intolerancia a la lactosa son mucho más numerosos entre africanos, indios, afroamericanos y asiáticos que en los norteamericanos caucásicos y europeos escandinavos.

La edad a la que se presenta esta afección también varía en función del grupo étnico. En realidad, antes de que el ser humano se convirtiera en granjero y se dedicara a procesar productos lácteos, la mayoría de las personas no volvían a consumir leche tras las primeras etapas de la infancia, por lo que la lactasa dejaba de producirse en su sistema digestivo. Ésta es la razón por la que en los bebés, independientemente de sus raíces, el organismo produce la enzima lactasa en cantidad suficiente para digerir todo tipo de leche, incluyendo la materna. Existen casos de intolerancia en bebés prematuros, pero lo más común es que la afección se manifieste una vez finalizado el periodo de lactancia. La edad habitual de inicio son los cinco años en personas de raza blanca, mientras que en la raza negra suele manifestarse antes de los tres años.

Pero la intolerancia a la lactosa también puede ser reversible. En ocasiones, el déficit de lactasa en el tracto digestivo se debe a daños temporales en la mucosa intestinal por situaciones transitorias, como un tratamiento de quimioterapia, un periodo de desnutrición, una infección gastrointestinal, o por la toma de determinados medicamentos, como la aspirina, los antibióticos o los antiinflamatorios no esteroides. También puede presentarse una deficiencia temporal de lactasa a causa de infecciones virales o bacterianas, especialmente en los niños, cuando se lesionan las células que recubren el intestino. En todos estos casos se trata de una intolerancia secundaria o adquirida que puede aparecer en la infancia, en la adolescencia o en la edad adulta, periodo este último en el que es muy común tener algún grado de intolerancia a este azúcar.