Existen cuatro tipos de pruebas médicas para diagnosticar la intolerancia a la lactosa:
- Test de tolerancia a la lactosa. Se realiza mediante análisis de los niveles de azúcares en sangre dos horas después de haber ingerido 100 gramos de lactosa. En condiciones normales, al cabo de este tiempo debe haber un aumento determinado de glucemia. Su ausencia sugiere un déficit de la enzima lactasa, aunque no es una confirmación muy precisa porque ciertas patologías, como la diabetes mellitus o síndromes funcionales de vaciamiento gástrico, pueden invalidar el resultado de este test.
- Prueba de hidrógeno en la respiración tras la ingesta de lactosa. En quienes padecen un déficit de lactasa, la lactosa llega sin digerir hasta el colon. En su tránsito por el intestino las bacterias la degradan, produciendo gran cantidad de hidrógeno que pasa a la sangre para ser eliminado a través del sistema respiratorio. En personas que padecen intolerancia, tras ingerir 50 gramos de lactosa disuelta en agua la excreción de hidrógeno por medio del aire espirado aumenta considerablemente durante varias horas después. Es un test rápido y bastante fiable.
- Biopsia de una muestra del intestino delgado para comprobar, mediante microscopio, la presencia o no de la enzima lactasa en la mucosa intestinal.
- Examen de heces para observar si se produce un aumento de acidez tras la ingesta de lactosa.



