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Régimen alimenticio adecuado, evitando los alimentos que contengan una alta concentración en azúcares simples y grasas saturadas. En general, puede incluirse en la dieta cualquier tipo de alimento, siempre que se conozcan bien sus características. Existe una regla de oro: seguir un horario regular en las comidas. Si se va a retrasar una, empezar por el postre.
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Práctica de ejercicio físico, que disminuye los niveles de glucemia (azúcar en sangre). Deben atenderse siempre estos valores, y sólo debe hacerse ejercicio si están entre 100 y 200 mg/dl y si no hay cetosis (exceso de cetonas en sangre). Media hora antes de practicar ejercicio es conveniente tomar alimentos ricos en carbohidratos: quesos magros, frutas, yogur, pan o galletas.
Monitoreo de la glucosa con el glucómetro. Esta información es necesaria para hacer los ajustes necesarios mediante alimentos, ejercicio y/o medicamentos.
Administración de insulina, en caso de que sea necesario. En los casos de diabetes de tipo I (insulinodependientes) se debe llevarse siempre encima tanto la insulina, para la hiperglucemia, como algo de azúcar, para la hipoglucemia.
Administración por vía oral de hipoglucemientes, en caso de necesidad, para la diabetes de tipo II. Es importante ajustar su dosificación a las necesidades reales.
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Según las recomendaciones publicadas recientemente por la ADA (American Diabetes Association), cada individuo debe seguir un
plan personalizado para el tratamiento de la diabetes. Sus directrices variarán en función de la edad, los horarios habituales, la actividad física, los hábitos alimenticios, la situación social y personal, los factores culturales y la presencia de posibles complicaciones relacionadas con la diabetes.